El traslado del excoordinador senatorial a la Cuarta Circunscripción confirma que la sucesión de 2027 se decidirá desde el proyecto nacional, marginando a los poderes locales. La premisa es clara: La sombra de AMLO pesa más que cualquier alianza con la gobernadora Cuéllar.
Por eso la renuncia de Adán Augusto López Hernández a la Junta de Coordinación Política del Senado tenía un destino previsible: la Cuarta Circunscripción. Pero su llegada a Tlaxcala contiene una advertencia implícita para la clase política local, empezando por la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros: la lealtad al lopezobradorismo puro se impondrá sobre cualquier otra consideración.
Claudia Sheinbaum conoció de primera mano lo que la amistad complice entre Lorena y Adan Augusto puede afectar, comprometer o torcer una elección. Ella fue borrada de la elección interna que en Tlaxcala pretendía imponer al ex titular de SEGOB como candidato presidencial. ¿entonces alguien duda que esto no es un examen para ambos?
En los corrillos políticos del estado, una frase resume el nuevo tablero: “Nadie con dos dedos de frente podría pensar que Adán Augusto pondrá por encima de López Obrador a Lorena Cuéllar”. Esta premisa, recogida de las redes sociales se ha convertido en el eje analítico para entender una movida que trasciende la operación electoral.
Aunque Cuéllar Cisneros y López Hernández compartieron curul en la Cámara de Diputados y existe un respeto político entre ellos, la relación vertical con Andrés Manuel López Obrador define las prioridades del senador. Su designación como operador regional emana directamente de la cúpula morenista más cercana al expresidente, no de una negociación con el gobierno estatal.
Adán Augusto responde ante una lógica nacional. Su misión es asegurar que el candidato de 2027 sea incondicional al proyecto, no al grupo en el poder en Tlaxcala.
Para Alfonso Sánchez García, alcalde de la capital y esposo de quien maneja la dirigencia estatal, se encienden las señales de alerta. Su activismo prematuro, ampliamente documentado y denunciado ante el ITE por el PAN y el PRD, podría ser el primer blanco de la “normalización” que busca Adán Augusto. Su principal respaldo —el aparato local— queda inmediatamente devaluado frente al mandato nacional.
Para Óscar Flores Jiménez, en cambio, se abren oportunidades. Su perfil de operador discreto, con historial directo en el gobierno de AMLO y cercanía al círculo tabasqueño, encaja perfectamente en el criterio que presumiblemente aplicará López Hernández.
Para Lorena Cuéllar Cisneros, la llegada de Adán Augusto representa una pérdida tácita de control sobre su propia sucesión. Su capacidad para inclinar la balanza hacia un aspirante de su confianza queda severamente limitada.
La gobernadora pasa de ser la anfitriona del proceso a una invitada de honor. Puede opinar, puede sugerir, pero la decisión final ya no se cocinará en Palacio de Gobierno. Se cocinará donde Adán Augusto decida, siguiendo la receta que trae de la capital.
El mensaje que envía la llegada de Adán Augusto López Hernández es contundente: en la geometría del poder de Morena, la lealtad vertical a Claudia Sheinbaun Pardo y Andrés Manuel López Obrador -y al proyecto de la 4T- es el único vector que importa. Las alianzas horizontales, los pactos locales y hasta la autoridad de una gobernadora en su propio estado, se subordinan a ese principio.
Tlaxcala aparentemente se volverá a ver como el laboratorio donde Morena prueba su capacidad para renovar élites locales desde el centro. La batalla por la gubernatura de 2027 será, sobre todas las cosas, una prueba de fidelidad al lopezobradorismo. Y en ese examen, Adán Augusto no es sólo el vigilante, es el representante personal del director de la escuela.








































































