Casa Tlaxcala: Legal sí, inmoral también

MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Casa Tlaxcala dejó de ser un espacio en el que se expone, presume o destaca la gastronomía y la cultura, desde la llegada de Ricardo Peralta a esa oficina no se habla más que de antecedentes, complicidades, presunciones de inocencia pero también de culpabilidad. A eso se ha reducido el espacio tlaxcalteca que asemeja la embajada de nuestra patría chica en el corazón de la Ciudad de México (Cdmx).

El antecedente está muy fresco, pero vale la pena invocarlo. La primera semana de febrero de 2026, la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros tomó una decisión que ha generado más dudas que certezas en la entidad: nombró a Ricardo Peralta Saucedo como titular de la Casa Tlaxcala en la Ciudad de México, desplazando a Steve Del Razo Montiel, un perfil con mayor arraigo local, pero que aparentemente necesitan tener “a la mano”, rumbo al 2027.

Peralta, abogado por la UNAM, nacido en la Ciudad de México en 1972 y sin raíces tlaxcaltecas conocidas, llegó avalado por su paso como primer Administrador General de Aduanas y luego como Subsecretario de Gobernación durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. De ambnos espacios no salió limpio.

La mandataria lo justificó por su “experiencia federal” y “relaciones” que, según ella, ayudarían a los tlaxcaltecas. Sin embargo, semanas después, una investigación de N+ Focus lo colocó en el centro del llamado huachicol fiscal: una red presuntamente integrada por empresas fantasma y operadores civiles que habría facilitado la entrada de 31 buques con combustible ilegal entre 2024 y 2025.

Aunque no existe una sentencia judicial que lo condene, las señales son insistentes: su nombre aparece entre los “civiles” de la estructura, junto a ex mandos de la Marina y otros exfuncionarios de la 4T.

Estas acusaciones se suman a señalamientos previos sobre su gestión en Aduanas, donde se le vinculó con designaciones cuestionadas y posibles favores a redes de contrabando. ¿esas son las relaciones que iban abonar para la imagen y prestigio para nuestra entidad?

Casa Tlaxcala no es cualquier oficina. Es el rostro del estado en la capital del país: el espacio que debe proyectar nuestra identidad, cultura, tradiciones y los intereses concretos de los tlaxcaltecas. Colocar ahí a un operador político foráneo, sin conocimiento profundo de nuestra realidad y con estos antecedentes envía un mensaje equivocado: que lo local puede ser suplido por amarres nacionales.

En las calles y redes sociales de Tlaxcala se repite la misma pregunta: “¿Y ese qué va a saber de Tlaxcala?”. Es una reacción lógica. Reemplazar a un representante con arraigo por alguien ajeno a nuestra dinámica destruye el orgullo tlaxcalteca y debilita la imagen de un gobierno que se dice -o dijo- cercano a la gente.

Más allá del porcentaje exacto de responsabilidad de Peralta en el huachicol fiscal —tema que corresponde aclarar a las autoridades federales—, el daño en Tlaxcala es inmediato y simbólico. En Tlaxcala se ha guardado silencio ante las revelaciones periodísticas, lo que refuerza la percepción de que se priorizaron cuotas y lealtades por encima del interés estatal.

Que Peralta no esté en plena defensa de su persona para no llegar a pisar el Cereso no lo exculpa de los señalamientos hechos, no por la oposición, sino por las propias figuras del morenismo. Lo ilegal y lo inmoral no son lo mismo pero se parecen mucho y para el caso de Peralta nos queda claro que su llegada a Casa Tlaxcala puede ser legal, pero también inmoral y de eso nadie tiene duda.

El gobierno actual llegó al poder con un discurso de transformación y defensa de los tlaxcaltecas. Nombramientos como este la exponen a críticas de opacidad y subordinación. En un estado pequeño y sensible a las imposiciones externas, este tipo de decisiones generan desconfianza y abren flancos a la oposición porque simplemente deja sin espacios a los cerebros locales.

La Casa Tlaxcala debe hablar de nuestras raíces, no de los pasados controvertidos de la capital. Es hora de que el gobierno estatal escuche el sentimiento ciudadano y priorice perfiles que realmente representen el orgullo y la identidad de esta entidad. Dudo que lo hagan pero en voz alta debo decir: Ojalá dejen de comprar humo y espejos

La 4T en Tlaxcala se juega su credibilidad en detalles como este. Y los tlaxcaltecas, orgullosos de su historia y su tierra no perdonarán este nuevo escándalo, en el 2027 cobrarán la factura y para quien lo dude que vea el antecedente de la Capao en Ocotlán, el resultado de la votación no fue casualidad.