Bardas, propaganda y ausencia de resultados

NÉSTOR
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En política suele decirse que las campañas comienzan mucho antes de que las autoridades electorales las permitan. En Tlaxcala, la reciente determinación del Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) parece confirmar que algunos actores ya están más preocupados por el siguiente proceso electoral que por resolver los problemas del presente.

La resolución del Consejo General del ITE, que ordenó al presidente municipal de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, retirar bardas, lonas y espectaculares con mensajes que buscan posicionar su imagen de manera anticipada rumbo al proceso electoral 2026-2027, representa un llamado de atención serio. No se trata únicamente de una discusión jurídica o electoral; se trata de una señal sobre las prioridades de quienes hoy tienen una responsabilidad pública.

Los expedientes CQD/Q/JPCR/CG/038/2026 y 046/2026 documentan una estrategia de promoción personalizada que, según la autoridad electoral, utiliza colores asociados a Morena y frases como “Va con él”, “Él es Alfonso” o simplemente “Alfonso”, acompañadas de símbolos que buscan generar identificación entre el electorado. El mensaje es claro: existe la intención de posicionar una figura política antes de los tiempos establecidos por la ley.

Sin embargo, más allá del debate electoral, la pregunta que deberían hacerse los habitantes de la capital es otra: ¿qué resultados justifican una campaña permanente de promoción personal?

La ciudad de Tlaxcala enfrenta problemas que continúan sin resolverse. Los ciudadanos observan deficiencias en servicios públicos, retrasos en la atención de diversas necesidades urbanas, problemas recurrentes relacionados con la infraestructura y una percepción creciente de que la administración municipal está más concentrada en construir una candidatura que en consolidar un gobierno eficiente.

Mientras aparecen bardas y espectaculares en distintos municipios, muchos capitalinos siguen esperando respuestas concretas a los desafíos cotidianos. La promoción política puede generar notoriedad, pero difícilmente sustituye los resultados. La publicidad puede colocar un nombre en la conversación pública, pero no tapa los baches, no mejora la seguridad, no optimiza la recolección de basura y tampoco resuelve las demandas de una ciudadanía cada vez más exigente.

El problema de fondo es que la política moderna parece haber invertido el orden de las prioridades. Primero se busca construir una imagen y después se intenta justificarla con resultados. Lo lógico sería exactamente lo contrario: primero gobernar bien y luego permitir que el trabajo hable por sí mismo.

La resolución del ITE también deja una enseñanza importante para la vida democrática de Tlaxcala. Las reglas electorales existen para garantizar condiciones de equidad entre quienes aspiren a competir por un cargo público. Cuando un funcionario utiliza su posición para mantenerse de manera constante en el espacio público mediante propaganda personalizada, se genera una ventaja indebida frente a otros posibles contendientes.

Por ello, la orden de retirar la propaganda no sólo protege la legalidad electoral; también envía un mensaje sobre la necesidad de respetar los tiempos y las instituciones.

Alfonso Sánchez García todavía tiene la oportunidad de demostrar que su proyecto político puede sostenerse sobre resultados y no sobre bardas. Porque al final, los ciudadanos no votan por quien aparece más veces en una pared, sino por quien logra transformar positivamente su realidad.

Y hasta ahora, para muchos habitantes de la capital, las bardas parecen multiplicarse más rápido que las soluciones.