En Texóloc, el presidente municipal David Sánchez Rincón tropieza constantemente por sus errores y no termina de aprender pues abandona las prioridades de servir al pueblo y se pone hacer política. Mientras el municipio enfrenta necesidades cotidianas que demandan seguridad y atención, el alcalde aparece más concentrado en mover piezas dentro del ajedrez político que en responder a los problemas de los ciudadanos.
La convocatoria de última hora a un festejo por el Día del Padre, programado dos semanas después de la fecha conmemorativa y exactamente el mismo día y a la misma hora en que la senadora con licencia Ana Lilia Rivera Rivera realizará una asamblea informativa en el municipio, difícilmente puede verse como una simple coincidencia. En política, las casualidades nunca existen.
Más aún cuando el evento organizado por el Ayuntamiento incluye lucha libre, comida, rifas y la entrega previa de boletos en la Presidencia Municipal, condicionada a presentar una copia de la credencial para votar. Una decisión que inevitablemente despierta cuestionamientos sobre el uso de recursos públicos y de la estructura municipal en medio de un escenario de disputa política.
Lo preocupante no es únicamente el aparente intento de restarle asistentes a un acto político de un grupo distinto al que respalda el alcalde. Lo verdaderamente grave es que el gobierno municipal distrae tiempo, recursos y esfuerzos en la confrontación política mientras los ciudadanos esperan soluciones en materia de servicios públicos, infraestructura, seguridad y desarrollo.
David Sánchez Rincón tiene todo el derecho a simpatizar con quien considere conveniente; lo que no puede hacer es convertir al Ayuntamiento en una extensión de una estrategia electoral ni utilizar la agenda institucional para intervenir en las disputas internas de un movimiento político.
Los habitantes de Texóloc no eligieron a un operador electoral. Eligieron a un presidente municipal para gobernar, administrar con responsabilidad los recursos públicos y atender las demandas del municipio.
Cuando un alcalde dedica más energía a bloquear adversarios políticos que a resolver los problemas de la población, envía un mensaje preocupante: que la política importa más que el bienestar ciudadano.
Texóloc necesita un gobierno presente en las calles, no en las intrigas; ocupado en los servicios públicos, no en las estrategias de facción. Porque mientras la clase política mide fuerzas rumbo a la próxima sucesión, quienes siguen esperando respuestas son los ciudadanos que confiaron su voto para tener un mejor gobierno, no un árbitro parcial en una disputa política. ¡Póngase a trabajar presidente!