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		<title>Haber creído en el mundial que nunca ganaremos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Lozano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Jul 2026 20:23:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[#seleccionmexicana]]></category>
		<category><![CDATA[ESTADIO AZTECA]]></category>
		<category><![CDATA[Jude Bellingham]]></category>
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		<category><![CDATA[Valdano]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿De qué sirve haber creído de esa manera? Creer es el verbo que define nuestra naturaleza y también es el más olvidado, el más automatizado. La mundanidad nos orilla a dar por hecho lo que nos va sucediendo, o en el peor de los casos, nos sumerge en la vil aceptación casuística de todo cuanto nos [&#8230;]</p>
<p>El cargo <a href="https://martinrodriguezhernandez.com/haber-creido-en-el-mundial-que-nunca-ganaremos/">Haber creído en el mundial que nunca ganaremos</a> apareció primero en <a href="https://martinrodriguezhernandez.com">Martín Rodríguez Hernández</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong>¿De qué sirve haber</strong><strong> creído de esa manera? Creer es el verbo que define nuestra naturaleza y también es el más olvidado, el más automatizado. La mundanidad nos orilla a dar por hecho lo que nos va sucediendo, o en el peor de los casos, nos sumerge en la vil aceptación casuística de todo cuanto nos acontece.</strong> Empecé esta serie de columnas mundialistas con la trillada frase atribuida a Valdano: <em>el fútbol es lo más importante de lo menos importante, </em>y hoy, con el cuerpo cortado por la eliminación de México y una gripe abrazada en algún festejo, la creo.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>¿Hace cuánto tiempo no creíamos de esta manera tan áspera, tan salvaje y rebelde, como en ‘<em>el mundial que nunca ganaremos’</em>?</strong> Leí aquello de mi editor José David Bernal y sin duda encabezará el recuerdo de esos días de sueños posibles, de comunión sincera, del verde tiñendo los pasos, de risas, abrazos, del Azteca cantando, de las calles vibrando, de lo feliz que fui en <em>el mundial que nunca ganaremos</em>.<strong> Era México detenido y nosotros siendo nosotros, creyendo, sonando la banda sonora de nuestras vidas con el fondo de once jugando fútbol. Un verano lluvioso con el mundial siendo nuestro aun sin haberlo ganado.</strong></p>
<p style="text-align: justify">Para creer hay que dudar. Principio teologal. <strong>Jude teólogo, con sus piernas y movimientos calcados de Zidane, en dos minutos con dos goles nos mandó a callar, a dudar. Pero al menos en mí, desde el minuto 38 hasta el pitido final siempre estuvo vigente la posibilidad de ese mundial que nunca ganaremos. Pocas veces lo he hecho tanto y sin medida, por eso inunda, porque aun perdiendo llegué a saberlo cierto. </strong>Lo de creer tiene consigo la apuesta de dar un salto al vacío sin nada certero que te pueda salvar.</p>
<p style="text-align: justify">Vi todo el mundial con las mismas personas creyendo en la cábala de estar cerca de personas esenciales. <strong>Cuando acabó la historia mundialista A., lloró la derrota porque creyó. Fueron muchos minutos desconsolando a sus doce años. Ella y yo teníamos otra cábala antes y después de cada partido ganado: besar el escudo de la selección.</strong> Su padre la consoló con ternura, casi con timidez de interrumpir su duelo y en esa escena se me reveló el amor, la potencia de la vida y el reto de su incertidumbre. <strong>¿Cómo puede explicarle un padre a su hija lo incontrolable de la vida, la volatilidad de todas nuestras aspiraciones y sueños, e invitarle a que vuelva a creer a pesar de todo lo que está sintiendo en el pecho? ¿De qué sirve haber creído de esa manera?</strong> Será el simple hecho de recordarnos en ese momento, sin razón por la lógica, solamente creyendo; <strong>A. y yo nos dimos un abrazo de despedida y volvimos a besar el escudo como un pacto para volver a creer. Todas las personas con los que viví ese <em>mundial que nunca ganaremos</em> lo sabremos mejor en algún momento de nuestros recuerdos. Eso no era solamente fútbol.</strong></p>
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		<title>Lo más importante de lo menos importante</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Lozano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 20:27:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Copa Mundial de la FIFA 2026]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Villoro]]></category>
		<category><![CDATA[Maxi Rodriguez]]></category>
		<category><![CDATA[mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Selección Mexicana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Creo que la frustración erige mayormente la personalidad de las personas. Los primeros eventos traumáticos en mi vida están relacionados con el fútbol, y de alguna manera, con la justa mundialista del 2006. El primero fue el golazo de Maxi Rodríguez que nos echó en octavos; recuerdo un día soleado con toda la familia unida, [&#8230;]</p>
<p>El cargo <a href="https://martinrodriguezhernandez.com/lo-mas-importante-de-lo-menos-importante/">Lo más importante de lo menos importante</a> apareció primero en <a href="https://martinrodriguezhernandez.com">Martín Rodríguez Hernández</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong>Creo que la frustración erige mayormente la personalidad de las personas. Los primeros eventos traumáticos en mi vida están relacionados con el fútbol, y de alguna manera, con la justa mundialista del 2006.</strong> El primero fue el golazo de Maxi Rodríguez que nos echó en octavos; recuerdo un día soleado con toda la familia unida, el carbón por el viento, la ilusión de sentir cerca el gane a Argentina, el esbozo de lo que sería Messi, Riquelme —¡por Dios!, mi debilidad —, la esperanza de ganarles… se raspó mi garganta con el gol de Rafa Márquez, luego, casi enseguida como respuesta el de Crespo (me niego a aceptar que fue autogol del mejor cabeceador que ha tenido México); fueron 90 minutos peleados, los nervios de los tiempos extras, un cambio de juego delicioso de Sorín, el pecho de Maxi y un balón en la escuadra; todavía veo a Oswaldo Sánchez en el césped, recuerdo el amor roto, el cuerpo pesado, las ganas de llorar y en las muelas la desilusión de algo que ya no se podrá reparar. Hace poco esperando en el aeropuerto de CDMX llegó de un vuelo de Miami y reconocí su horrible cara: Maxi Rodríguez, mi primer villano, el enemigo público de mi niñez. Le conté y ella me preguntó que si era un futbolista tan importante, por qué no le había pedido una fotografía. No quise decirle que me pasaron por la cabeza muchas ganas de morderle sus nefastas orejas.</p>
<p style="text-align: justify">El segundo evento traumático fue un penal que fallé en la primaria: era un torneo intercolegial en el que fui el goleador de la competencia, pero el último, el de la final, no lo metí. Tiré el penal a lo Panenka. Qué niño más pretensioso. Lo hice poque quizá mi primer ídolo, Zidane, lo acababa de hacer en la final de la copa del mundo frente a Gigi Buffon. Fallé cuando todo el estadio de futbol siete coreaba mi nombre. Todas las familias querían llevar a sus hijos al nacional y yo los privé de aquello. Nunca quise tirarlo porque hasta allí conocí la inseguridad, pero lo tuve que tirar porque ya no había más pateadores. No sé que hubiera pasado si metía aquel gol, no sé qué hubiera sido de mí. Jamás volví a jugar fútbol con ilusión (del mediocampista que se perdió México), pero salí de la infancia curtido.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Sigo vivo y han venido más mundiales como etapas de mi vida. Aun siendo la misma persona, cada cuatro años he sido distinto; pero hay algo intransmutable e intransferible: la esperanza de creer que esta vez puede ser distinto, y que lo de Maxi Rodríguez dejará de supurar; sentiré el mismo romance recuperado cada mundial cuando suene el himno en el primer partido, la misma sensación en la piel y en los ojos con el Cielito Lindo, la misma fortuna de sentir personas al lado.</strong> Mañana saltará a la cancha México y recuerdo esto de Villoro en su último libro: <em>«Cuando los héroes numerados saltan a la cancha, lo que está en juego ya no es un deporte. Alineados en el círculo central, los elegidos saludan a su gente. Sólo entonces se comprende la fascinación atávica del fútbol. Son los nuestros. Los once de la tribu».</em> <strong>Dice una frase que el futbol es lo más importante de lo menos importante.</strong> <strong>Mañana inicia otro mundial, en México, por tercera vez. Por dos horas esa frase será absurda. Al menos para mí. Mañana el fútbol será lo más importante de lo más importante, porque por dos horas ha dejado de ser solo deporte, solamente fútbol, para convertirse en un nosotros vivos, para ser un momento imborrable de la vida y una marca del libro de esos que rememoramos cada cuatro años. Feliz mundial.</strong></p>
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		<title>La Batalla del Etihad contra la Maniac.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Lozano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Apr 2024 18:53:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Batalla del Etihad]]></category>
		<category><![CDATA[CHAMPIONS]]></category>
		<category><![CDATA[LALO LOZANO]]></category>
		<category><![CDATA[MADRIDISTAS]]></category>
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		<category><![CDATA[REAL MADRID]]></category>
		<category><![CDATA[ZIDANE]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(MANIAC es la máquina capaz de hacer cualquier cálculo inimaginable para humanos; creada por científicos en Los Álamos fue la primera computadora capaz de ganar una partida de ajedrez a una persona. Allí nació lo que hoy se conoce como inteligencia artificial. Léase la descomunal obra ‘Maniac’ de Benjamín Labatut). Porque lo de ayer no [&#8230;]</p>
<p>El cargo <a href="https://martinrodriguezhernandez.com/la-batalla-del-etihad-contra-la-maniac/">La Batalla del Etihad contra la Maniac.</a> apareció primero en <a href="https://martinrodriguezhernandez.com">Martín Rodríguez Hernández</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">(MANIAC es la máquina capaz de hacer cualquier cálculo inimaginable para humanos; creada por científicos en Los Álamos fue la primera computadora capaz de ganar una partida de ajedrez a una persona. Allí nació lo que hoy se conoce como inteligencia artificial. Léase la descomunal obra ‘Maniac’ de Benjamín Labatut).</p>
<p style="text-align: justify;">Porque lo de ayer no tuvo que ver estrictamente con el fútbol ni con su táctica: el Real Madrid en un ejercicio memorable y como si se tratara de su personal batalla de las Termopilas, fundió toda su historia y sus triunfos para resistir y padecer las hordas —casi manipuladas por la inteligencia artificial— de uno de los equipos más poderosos en la historia de fútbol. Así será recordado esto, no como una de las eliminatorias de Champions de mayor trascendencia, sino como el día en que el Real Madrid a base de fe y de imperfección, venció a la lógica.</p>
<p style="text-align: justify;">Pues no era lógico que el equipo de Ancelotti aguantara 75 minutos de presión absurda e irreverente del City. No era lógico, porque nunca fue favorito ante los once jugadores o robots del fútbol moderno. Llámalos como quieras. ¿Cómo se le gana a de Bruyne, a Haaland a Foden a Silva a Grealish y compañía teledirigidos por un genio del fútbol que escucha ‘Viva la Vida’ antes de cada partido? Se le ganó y solamente podía ganarle este Real Madrid, con un ejercicio así: absoluto en su resistencia de humanidad y dejándose la piel en cada envite, creyendo que aquello no era fútbol y que esto se trataba del desembarco y toma de Manchester. Creyendo que esto era la Batalla del Etihad contra la perfección futbolística.</p>
<p style="text-align: justify;">Y aunque esto no fue exclusivamente de fútbol, sí qué hubo; de hecho, el gol de los del Paseo de la Castellana fue una exquisitez de control de Bellingham, quien a lo Zidane mató el balón y abrió para el incansable Valverde que centró para un Rodrygo acertando en la red al segundo intento. Luego vinieron los 75 minutos asfixiantes del City. También los de la prórroga. Allí, a lo Catenaccio, Carvajal sacó la casta y fundió a Grealish y a Dokú; apoyado por un Camavinga memorable y por Nacho y Rudiger que desaparecieron a Haaland. 113 pases en el área del City. 113. Pero los citizens no pudieron con tanta convicción y llegaron los penales.</p>
<p style="text-align: justify;">Los aficionados madridistas llegaron a la tanda final con 3 años menos de vida. Los del City, aplaudían convencidos que lo ganarían y contando los minutos para cantar por Gallanher; se convencieron aún más cuando Modric falló el penal inaugural, sentían las semifinales en la mano. Pero al Madrid hay que matarlo y cuando vaya de camino a la morgue se debe volver a acuchillarlo. Porque el Madrid no muere, solo reposa. Silva, ajeno a la realidad y al equipo que tenía frente, tiró el penal al centro y se encontró parado a un Lunin que resumió los valores de Madrid: parado, enraizado a la tierra y estoico aun con la muerte susurrándole al oído. También atajó a Kovacic. Lucas Vásquez tiró el penal creyéndose en el barrio, haciendo malabares con el balón como en la no lejana final de Milán.</p>
<p style="text-align: justify;">Rudiger tuvo el gane. Y así, sabiéndolo, caminó por todo el césped bombardeado del Etihad, con la convicción de que, a pesar de todo, seguía vivo; con la mirada perdida y quizá, solamente quizá, repitiéndole en sus adentros la frase de Omar en ‘The Wire’ a la inteligencia artificial futbolística llamada Manchester City: «Si intentas matar al Rey, asegúrate de no fallar».</p>
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