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	<title>Tatiana Țîbuleac</title>
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	<description>El innombrable</description>
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		<title>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Lozano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 May 2026 15:16:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Día de las Madres]]></category>
		<category><![CDATA[El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes]]></category>
		<category><![CDATA[FESTEJO DEL DÍA DE LAS MADRES]]></category>
		<category><![CDATA[Julian Herbert]]></category>
		<category><![CDATA[Pilar Quintana]]></category>
		<category><![CDATA[Tatiana Țîbuleac]]></category>
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<p>El cargo <a href="https://martinrodriguezhernandez.com/el-verano-en-que-mi-madre-tuvo-los-ojos-verdes/">El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</a> apareció primero en <a href="https://martinrodriguezhernandez.com">Martín Rodríguez Hernández</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong>No quisiera que mi madre se muriera. Inclusive, de preferir, preferiría morir antes o morir el mismo día que ella, porque de ser sinceros, no sé qué es lo que pueda haber después de sus ojos.</strong> Uno de los libros que más me ha impactado y conmovido a partes iguales en años recientes es <em>“El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes”</em> de la escritora moldava Tatiana Țîbuleac. El hilo conductor tiene que ver con la inminente muerte de la madre de Alesky, su último verano juntos tras una vida alejados, verano que sirve para purificar catárticamente la relación materno filial. Casualmente en ese 2024 también me encontraron <em>“Canción de tumba</em>” de Julián Herbert y <em>“Los abismos” </em>de Pilar Quintana, con más de lo mismo. En la ficción nos descubrimos como personas y a las que nos rodean.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Parecería raro, pero el amor, no solamente es el amor por sí solo, porque aunque el amor ya exista por su propia naturaleza, al amor para que sea amor, hay que descubrirle, confirmarle, aceptarle. Hay que confrontarlo, ahondar en su raíz oscura y en la luminosidad de sus hojas. Los libros ayudan. Claro. Y la música. Los enojos y los odios y las miradas y los abrazos y las palabras con sus silencios; y los paseos recordando, aclarando, palpando.</strong> Si algo me conmovió de la novela de Țîbuleac y la de Herbert, es la honestidad brutísima con la que tratan recelos contra la figura materna, <strong>y como todo aquello, cuando ya no tiene nada mundano a la redonda, es convertido en el amor más puro: es necesario conocer para amar. Tiene mi madre (y todas) contenido el amor más elevado de la creación. ¿Cómo tendrá que ser de maravilloso el amor de una madre que incluso el Logos, para mostrarse al mundo quiso hacerlo cobijado por el amor de una?</strong></p>
<p style="text-align: justify">Escribo esto un diez de mayo con mi madre al lado viendo en televisión <em>Yellowstone</em> (sigue suspirando como siempre por Kevin Costner), antes vimos dos películas, <em>Ápex</em> y <em>Crime 101</em>, ambas nos gustaron; pareciera algo tan simple, tan cotidiano, pareciera ser nada excepcional, pero la realidad es que resulta ser la epifanía de estar juntos gracias a sus ojos con historias —que son las mías— sin contar, con su amor resguardado y con una coleta que casi nunca acostumbra; antes de escribir estuve hojeando esos dos libros que no me atreveré a volver a leer. Quisiera preguntarle y saber tanto de ella y rogar por tener el tiempo suficiente de saberlo. Quisiera conocerla. Quisiera tener un verano —no como el del libro, el nuestro, perpetuo como cadena—, en el que descubra el color exacto de los ojos de mi madre. Un verano con la banda sonora de sus carcajadas y la playlist “<em>nomas contigo” </em>que seleccioné con canciones suyísimas. Que riegue sus plantas si quiere, o si prefiere, que se ponga a hacer diez actividades indistintas a la vez. <strong>No quisiera que mi madre se muriera. Inclusive, de preferir, preferiría morir antes o morir el mismo día que ella, porque de ser sinceros, no sé qué es lo que pueda haber después de sus ojos.</strong> Feliz día de las madres.</p>
<p>El cargo <a href="https://martinrodriguezhernandez.com/el-verano-en-que-mi-madre-tuvo-los-ojos-verdes/">El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</a> apareció primero en <a href="https://martinrodriguezhernandez.com">Martín Rodríguez Hernández</a>.</p>
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